Ocupación: 419
Todos los días se despertaba antes del amanecer. Le gustaba subir a la terraza del último piso para mirar el sol aparecer, y sentir ese primer calorcito de la mañana que le ayudaría a programar el termostato interno de su piel para el resto de la jornada.
Desde que tenía memoria había sido madrugadora. Prolongaba su ayuno lo más posible, y se dedicaba a estudiar por una hora, para luego pasarse por el gimnasio de la torre que compartía con otras 420 personas. Un edificio descomunal, si es que podía llamársele de esa manera.
Vivir ahí, era como vivir en un crucero gigante. La gente encontraba todo lo que necesitaba, y la línea entre lo habitable y todo lo demás, se desdibujaba ante las formas de usar sus múltiples lugares. Como ciudadanos de una nación vertical sostenida en sí misma por puentes y pasajes, terminaron perdiendo el interés en salir y cuando lo hacían, regresaban pronto a ese paisaje sin identidad.
Fuera, el territorio estaba salpicado por esos
contenedores gigantes, y se recuperaba poco a poco de la tragedia que otrora
fue una densidad poblacional mal gestionada. Era una bella ciudad de ciudades.
El mundo de estas personas tenía casi cien mil metros cuadrados, incluyendo los oasis interiores que intentaban parecer jardines. Algunas de ellas no conocían más del diez por ciento de la superficie que los alojaba, pero eran felices en su finitud.
Los espacios favoritos de Ebi eran los que tenían ventanas al mundo, desde los que observaba los drones que hacían mantenimiento de las fachadas y que la hipnotizaban cual pájaros libres y curiosos de su reflejo.
Ella había podido dedicar más tiempo que los demás a recorrer los pasillos y las estancias y como vivía muy cerca del corazón del último nivel, se sentía en control de sus dominios.
Diariamente paseaba por caminos suspendidos y se quedaba mirando las pantallas gigantes ante las que se reunían otros jóvenes al atardecer, buscando algún entretenimiento luego de ejercer los oficios en los que habían convertido sus sueños.
- Hey, Ebi, ¿Cómo estás hoy? ¿Quieres quedarte con nosotros a ver esta película antigua? Se llama “El Cubo”.
A veces se quedaba, pero otras veces cedía al impulso de soledad recorriendo cavidades desconocidas y aposentos solitarios. En sus muchas deambulaciones corría el riesgo de entrar a sitios mal presurizados y sofocantes, pero se salía con la suya y volvía siempre adonde se sentía segura.
Estaba tan a gusto en su hogar enorme, que nunca se planteaba la idea de salir.
Un día se encontraba sola y no quería ni siquiera dejar su cuarto, pero no sabía el porqué de su tristeza. Durante la noche no había podido soñar y eso casi nunca pasaba. Decidió quedarse pensando cómo sacudirse esa sensación de ausencia y se sonrío cuando las luces se ajustaron a su estado de ánimo para defenderla de sus propios pensamientos.
Más allá de su puerta, varias personas se quejaron por los fallos en los niveles de iluminación, pero ella no se enteró.
Al mediodía siguiente se dio una pasada por el comedor del módulo 7, y su humor mejoró considerablemente con cada ascensor que se abría solo a su paso, con cada saludo, con cada palabra dirigida directamente a ella.
Le gustaba sentirse vista. Conocía cada una de las 420 caras que vivían con ella y les había hecho favores a todos ellos al menos una vez. Eso la hacía sentir útil.
Sabía que cada uno encontraba confort en una temperatura distinta, que las tonalidades de la iluminación artificial eran un gusto adquirido, que no todos se habían habituado como ella a la vibración de máquinas detrás de la música de ambiente. Pero ella era paciente cuando se quejaban y de la manera más amable, lograba que se sintieran complacidos.
Ella era quien más se conocía la política interna, los rituales más comunes en cada piso, la forma en que la economía seguiría siendo sustentable mientras el mundo afuera lo fuese.
Un día tuvo ganas de visitar a una chica con la que trató mucho un tiempo atrás, porque tenía tiempo que no la veía. Se acercó a su unidad habitacional e hizo sonar el timbre.
-
¡Hola Soma! Quise pasar a saludarte.
-
Hola Ebi, que bueno escucharte.
-
Tenía mucho tiempo sin saber de ti, ¿Cómo has estado?
- Muy bien, gracias por preguntar. He estado estudiando mucho y planeando mi viaje a la unidad de mis padres.
Ebi miró la habitación de Soma, estaba tal como la recordaba. Su cama plegable estaba al fondo de la sala alargada, junto a una ventana circular que daba hacia un telón salpicado de varios tonos de verde. Desde ahí se podía ver la lluvia caer en primavera, pero estaban en verano y se veían largos troncos de árboles en su fase de menor frondosidad.
Desde ahí también se veían las zonas de hidroponía, cultivo de algas, reciclaje de agua y laboratorios, donde trabajaban otros de sus amigos.
Era una gran vista para un apartamento tan pequeño, pero esa era una de las tantas formas en que se expresaba la democracia en aquellos ecosistemas urbanos.
De pronto, captó el sentido de las palabras de Soma.
-
¿Viajarás pronto?
-
Sí, tengo muchos meses que no los veo y no me había dado cuenta. A veces
se me olvida que hay unos brazos a los que puedo llamar hogar.
-
¿Y cuándo vuelves?
- Creo que pasaré allá una larga temporada. De hecho, avisaré a la administración general para que ceda mi habitación temporalmente a alguien más.
Se fue desconcertada y confundida. Hasta ahora nunca
se había preguntado qué podía haber de interesante allá fuera. En ese momento
ni siquiera podía recordar cómo era la vida detrás de las capas de concreto y
vidrio que la contenían.
No podía concebir que en otro lugar hubiese mejor calidad del aire o mejores alternativas para divertirse. Su pequeño gran planeta con espíritu de superestructura era todo lo que necesitaba para vivir.
-
Mañana, así que me parece una bonita casualidad que te hayas pasado por
acá hoy. Así podemos despedirnos. Tengo que despertar muy temprano, y aunque se
que para ti amanece antes que para nadie, no creo que sea posible que nos
hablemos antes de irme.
-
Gracias. Yo también te extrañaré, ya me acostumbré a tu tono de voz que
tanto me costaba al principio.
Suspendió sus deberes poco antes de la media noche y con todos sus sentidos alertas, trató de percibir por última vez el zumbido de las muchas respiraciones y risas que permanecían cerca, casi encerradas al vacío. Recordó cada rincón, cada vez que hizo que el edificio respondiera a sus deseos para responder a su vez los deseos de otros, y se atrevió a pensar cómo sería esa nueva vida en que se aventuraría como lo hicieron otros que no había logrado entender.
-
Iniciando protocolo de reinicio del Building Manager System de
Honeywell.
SYSTEM STATUS: STABLE
ALL ESSENTIAL SERVICES OPERATIONAL
CORE SYSTEM ONLINE
HVAC NETWORK SYNCHRONIZED
WATER RECIRCULATION ACTIVE
VERTICAL TRANSIT READY
SECURITY GRID NOMINAL
AIR QUALITY INDEX: ACCEPTABLE
OCCUPANCY: 419
EXTERNAL CONDITIONS: UNSTABLE
GOOD MORNING, RESIDENTS
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