Tristeza post-visita (o el dolorcito azul)
Ayer tenía la firme intención de hacer yoga temprano en la mañana, pero la tristeza y el cansancio eran tan pesados que ni siquiera tuve la fuerza de inventarme excusas. Mi mente, que parecía haber dormido menos que mi cuerpo, se despertó alborotada y sensible. Tuve que hacer un esfuerzo somnoliento para que no se me notara y no tener que explicar algo a lo que ni yo sabía darle forma. Después entendí que posiblemente era el PMS, pero sé que la culpa estaba igualmente distribuida con eso que tendré que llamar tristeza post-visita. Hace unos días estuvo pisando mi mismo suelo mi mejor amiga del colegio, la que sigue teniendo ese título a pesar de que nuestras conversaciones se hayan reducido a unas cuatro o cinco al año. Ella, que sé que se siente culpable por no estar más presente, no sabe que su existencia es una de las que me hace seguir aferrada a mi mundo interior, aún hoy. Ese mundo que pocos conocen con tanta disposición a aceptarlo. Nos conocimos cuando teníamos como...

Comentarios
Publicar un comentario