Año 0
En el año 2037 un fenómeno curioso hizo que el mundo cambiara, comenzando
con la ruptura aleatoria de algunas parejas por dudas acerca de la paternidad
de sus hijos. Por todos lados hubo episodios violentos y desesperados, en el
que una nueva madre trataba de explicar a un nuevo padre, por qué su bebé
recién nacido no se parecía a ninguno de los dos. En algunos casos, esto no fue
más que la excusa perfecta para acabar relaciones que ya se habían fracturado,
pero nadie sospechaba que lo que se estaba rompiendo era el autoconocimiento
que tenía la sociedad de sus diferencias internas.
Solo habían pasado unas semanas antes de que millones de pruebas de ADN
confundieran a los científicos de todo el mundo, mostrando… nada. Nada justificaba
la falta de impulso de los genes para mudarse, pero se estaba rompiendo esa
cadena hereditaria que nos relacionaba con los primeros hombres.
Pasaron a llamarse la generación idéntica y antes de acabarse el año, ya
todos y cada uno de los niños que nacían, lo hacían con el ADN apagado. Todos
iguales, algo opacos, con una piel identificable como humana, pero que al cabo
de unos meses se diferenciaba de cualquier otro color de piel.
Luego de ese tiempo, su tez ligeramente morena se coloreaba con visos
púrpura y se volvía demasiado uniforme en su tonalidad. A partir de ahí, no
presentaban variaciones marcadas, y lo que sus padres acariciaban era una
superficie lisa, continua, con un leve resplandor, sin llegar a ser extraña del
todo, pero incómoda al tacto. Poco a poco sus facciones algo suavizadas con el
colágeno absorbido del líquido amniótico se volvían más angulosas, dolorosas a
la vista.
Nadie entendía que estaba pasando y el mundo prácticamente enloqueció.
Empezaron a plantearse escenarios catastróficos y el miedo se apoderó de algunos
que cometieron actos atroces en nombre de la salvación, sin saber dónde estaba
realmente el peligro.
Mientras tanto, esos bebés se convertían en niños casi exentos de vello
corporal, reservando unos pocos para sus cejas y pestañas, como un recuerdo
plateado de las células muertas que habitaban los cuerpos de antes.
Lo único que aun los diferenciaba, eran sus huellas digitales. El último
rastro de individualidad: invisible a simple vista, imposible de replicar. Algunos
padres se obsesionaron con reconocer las puntas de los dedos de sus hijos, para
sentir en ellos algo propio.
Médicamente se hablaba de “anomalía genética global”, pero en las
familias estos seres se reciben con un desconcierto íntimo. Se pierden niños,
se confunden. Por mucho tiempo se vive un verdadero caos.
Uma es una bebé nacida de unos padres que no se separaron. Se refugiaron
el uno en el otro para tratar de proteger un legado muy buscado, aunque no eran
capaces de encontrarse en ella.
Año 7
-
Papá,
¿Por qué tengo que usar esta ropa?
-
Porque
así es más fácil distinguirte entre los demás cuando paso por ti al colegio.
-
Pero
no me gusta, me gustaba más cuando me vestía como los demás niños. Ahora todos
se visten diferente y hay demasiado ruido cuando los veo.
-
Uma,
uno no ve los ruidos, los oye.
-
Bueno
eso, es lo mismo.
Parecía una decisión estúpida, pero los colegios de la ciudad donde vivía
la familia de Uma seguían uniformando a los pequeños, a pesar de que la misma
piel lo hacía ya. No era suficiente con que fuesen iguales, sino que además
tenían que mantener esa costumbre, hasta que vieron que cambiarla haría las
cosas un poco más fáciles.
Los maestros, al estar tan expuestos a tantos niños iguales al mismo
tiempo desarrollaron la capacidad para reconocerlos: voz, comportamiento, cadencia
de movimientos. Pero para los padres fue más difícil, siempre buscándose en sus
hijos, queriendo acortar esa sensación de infertilidad, aunque habían podido
concebir.
Uma era la niña de la voz más potente de la clase y su forma de moverse era
muy parecida a la de su padre, lo que los hacía un dúo gracioso y reconocible
para los demás.
En general los niños no desarrollaron la noción de compararse y se iba
notando como cambiaba la noción de “yo”. El bullying físico desapareció rápidamente
y se hicieron cada vez más notorias las diferencias en el desempeño y la personalidad.
También sucedió algo que los psicólogos científicos definieron como desorientación
identitaria leve. Estos niños se volvieron excesivamente observadores del
lenguaje, los gestos, el tono y vivían a otro ritmo. Y así, le bajaron la
velocidad a todos los que les rodeaban.
Al final de ese septenio, la industria infantil empezó a cambiar
radicalmente y todo giraba alrededor de diferenciarlos.
La gente cayó en cuenta de que, aunque la generación idéntica se
mimetiza todavía entre los adultos, con el tiempo empezarán a multiplicarse y habría
necesidad de distinguirlos para no perder la costumbre de valorarlos.
-
Ahí
está mi amiga Dana, papá.
Al mirar a la nueva amiga de su hija, una niña menuda de piel blanca y
cabello rizado, con una mirada que se notaba heredada de alguien, el padre de
Uma sintió un deseo momentáneo de que esa fuese su hija.
Año 14
-
Nunca
me imaginé que tendría que estar buscando a mi hija de 14 años en medio de este
basurero lleno de gente.
-
Es
una fiesta normal ahora, no puedes pretender que, en el mundo de hoy, las
fiestas sean como esas a las que íbamos tú y yo cuando nos conocimos. Estos
niños son diferentes.
-
Pero
escucha esa música, ¿Qué es? Ni siquiera reconozco los instrumentos, no se
puede bailar, pero tampoco te deja estar en paz.
-
Se
llama no beat. A ellos les gusta.
-
A
mi no.
-
Por
favor cállate, ahí viene Uma. No la hagas sentir otra vez que no la entiendes,
aunque sea cierto.
-
Espero
que al menos no me venga de nuevo con el cuento de que quiere ponerse un cuerno
en la mitad de la frente.
La Uma adolescente estaba experimentando con su estilo al igual que el
resto de los de su generación. Hablaban entre ellos con un dialecto inventado y
crearon tribus urbanas donde podían buscar afinidad con sus ideas. Apareció una
obsesión por ser únicos en lo intangible. Se cuidaban obsesivamente los
pulgares y se tatuaban esas mismas líneas en lugares visibles del cuerpo,
exagerando ese rasgo único que los segregaba.
Lo que no había cambiado era el despertar del deseo, pero las hormonas
parecían reaccionar a todo menos a lo físico.
Mientras tanto, los padres los veían como personas “sin alma” o
“clones”. Algunos ni siquiera sentían amor
por ellos, aunque no lo reconocían.
Año 21
-
Mamá,
simplemente ya no somos amigas.
-
¿Pero
no me quieres contar que pasó?
-
No
pasó nada.
-
Algo
tuvo que pasar para que te alejaras de tu mejor amiga desde que tenías siete
años. Siempre me pareció curioso que se hicieran tan buenas amigas, aunque el
azar la hizo nacer unos pocos meses antes que tú y ser diferentes.
-
Da
igual, sabes que estos tres años que vienen no tendré tiempo para nada. Dana se
quedará aquí, dedicándose a hacer nada, o bueno, a hacer arte según ella dice,
mientras yo me internaré feliz en el laboratorio para tratar de entender porque
no tengo tus ojos o al menos tu sonrisa. Y también porque están naciendo esos
niños duales. Seguramente haré nuevas amigas y encontraré gente a la que
interese lo mismo que a mí.
-
Sí,
gente igual a ti.
-
…
En el año 2058 la gente seguía muy interesada en encontrar la razón por
la que surgió la generación idéntica, hasta que eso se desdibujó un poco cuando
los niños empezaron a nacer intersexuales.
Solo 21 años después del año que los descorporeizó a todos, ya se
entendía totalmente la forma que decidió tomar la ausencia de datos genéticos. Todos
tenían una altura estándar, y una contextura genérica. No eran especialmente
delgados ni robustos. Tenían un cuerpo más bien andrógino, equilibrado.
Su madre veía en Uma una mandíbula recta que se contraponía a la suya de
líneas suavizadas, y no podía diferenciar del todo lo masculino y lo femenino
en sus maneras. Ella si amaba la voz de
su hija, aunque saliera de una boca promedio de labios planos.
Su belleza incomodaba un poco, su simetría era casi perfecta.
La tecnología había avanzado mucho, y todo el mundo tenía asistentes
virtuales a los que personalizaba con rasgos del pasado, como avatares que
ellos quisieran haber sido. Cada uno tenía una especie de alter ego, pero
seguían viéndose repetidos en el espejo. La asistente virtual de Uma tenía el
cabello dorado y una voz dulce, casi aniñada.
Cuando llegó el momento de entrar a la universidad, Uma tuvo mucha
libertad para proyectar su propia narrativa laboral. Ya los cargos no existían,
los anuncios de empleo eran descripciones de las tareas y objetivos y la gente
simplemente se postulaba cuando resonaba con algo. Ella resonaba con la
biología y sus misterios.
No sabía cómo imaginarse su futuro porque no tenía referentes, así que
decidió convertirse en uno.
Año 28
-
Deberías
sentirte orgullosa de ser parte de esto.
-
Lo
estoy, de verdad que lo estoy.
-
¿Y
porqué no te ves más contenta?
-
¿Cuándo
las personas como nosotros han transmitido muchos sentimientos con nuestra
cara?
-
Tonta,
no hablo de eso. Se que hemos sido amigas hace solo cinco años, pero te conozco
lo suficiente como para saber que tu cerebro no está conforme ¿No puedes darte
el chance de disfrutar el logro que representa ser parte del equipo que
descubrió porqué pasó todo esto?
-
Creo
que no lo entiendes y no tengo ganas de explicarte.
Durante muchos años Uma trabajó sin parar para explicarse su existencia.
Ahora, ya habían podido publicar los hallazgos que le bajaron un poco a la
sensación de que estas personas fotocopiadas eran una anomalía.
Con frecuencia se usaba la expresión “El ADN se apagó” pero los genes seguían
ahí, en silencio. La expresión física de estos se volvió genérica, se bloqueaba
para protegerse de un mundo que había evolucionado en una dirección extraña.
El cuerpo humano había optado por volver a una especie de configuración
base, al render por defecto que la biología había creado. También se habían
silenciado los genes que definían el tipo de sangre y el RH se volvió neutro.
La explicación era que nuestro último ancestro común universal, algún
organismo absurdamente simple, fue infectado por un virus que tenía una función
muy específica: estabilizar la forma de vida, reduciendo la variación para
sobrevivir a las condiciones extremas de un planeta en crecimiento.
Con la evolución, ese virus quedó integrado en la doble hélice humana
como un fragmento dormido, que había reactivado ese modo de prueba en los seres
humanos.
Aparentemente cuando el entorno es demasiado inestable, la diversidad es
un riesgo y la vida entiende que hay que volver a lo básico.
Tener más clara esa línea del tiempo de causa y efecto, trajo algo de
paz a la humanidad, pero cuando llegó a Uma, no cambió mucho para ella. Solo las
ganas de contárselo a Dana, de tenerla cerca otra vez.
Año 35
-
Nunca
me imaginé viviendo una historia de amor.
-
¿Estás
reconociendo que me amas? ¿Uma, la chica de ciencia tiene corazón? ¿Soy yo, un
hombre de la generación idéntica objeto de su amor?
-
No
te burles de mí.
-
No
me burlo, yo te dije que te amaba hace semanas. Tu fuiste cruel al no responder
y dejarme pensando que estaba enamorado solo.
-
Llámame
old fashion, pero siempre creí que me enamoraría de alguien mayor, alguien sin
mi cara.
-
Lamento
lucir tan atractivo.
-
Eres
un creído. Nadie me va a creer que me enamoré de un idéntico contemporáneo y
que además tiene un nombre tan absurdo. Tenías que llamarte Andro, ¿No podías
llamarte Pedro?
Uma sentía algo de libertad de tener una existencia justificada. Siguió
estudiando y puso su atención en las nuevas generaciones que perdieron la
capacidad de diferenciar sus genitales. Aunque eso creía la gente, que habían
perdido algo, cuando realmente parecían haberse emancipado por completo de la
noción obsoleta de sexualidad. La evolución se estaba precipitando a una
velocidad inusitada.
Seguía muy comprometida con el estudio de la epigenética y estaba
obsesionada con anticiparse al próximo cambio. Pero la presencia de Andro en su
vida, la estaba cambiando. Él le enseñó de música, de poesía y de placer.
Aunque eran el reflejo físico el uno del otro, no podían ser más diferentes, a él
también le gustaba imaginarse el futuro, pero lo soñaba de una manera romántica,
nada calculada.
Sus abrazos y la temperatura de su piel se habían convertido en un
refugio para Uma, y estar a su lado era lo único capaz de desacelerar el tren
de sus pensamientos.
Él le hizo notar que, así como ella, la arquitectura de las ciudades también
estaba cambiando. A pesar de ser conjuntos de edificios muy uniformes, el
interior de los espacios tenía cada vez más alma. Era como si lo urbano fuese
un eco del status quo humano, donde el exterior era la cáscara sosa que
ocultaba unos espacios interiores brillantes y estridentes. Ella se reconocía
viva gracias a él.
Fuera de ellos y su mundo íntimo, empezaban a verse caras repetidas de inteligencias
recodificadas que ayudaban a gobernar el mundo que los contenía.
Año 42
-
Tenía
rato mirándote y no te habías dado cuenta. Por un momento sentí que tu piel
brillaba más que nunca.
-
Estás
alucinando, mi piel está igual que siempre, igual a la tuya.
-
Quien
sabe. Tal vez el bebé que llevas en el vientre te hace brillar.
-
…
-
¿Te
has de imaginado cómo será?
-
No,
pero al menos ya sabemos cómo se verá.
-
¿No
te preguntas por qué ahora los embarazos duran solo 7 meses?
-
No,
pero me estoy usando como objeto de estudio. Supongo que su pequeño cuerpo
necesita menos tiempo para tomar decisiones celulares.
-
Uma,
la madre científica que nunca para de analizar.
-
Andro,
el papá idéntico que nunca para de soñar.
Años atrás una mujer de 42 años era muy vieja para concebir un hijo,
pero las personas de la primera generación idéntica ya habían dado señales de
un envejecimiento más lento. Uma había
tardado en decidir si quería ser madre, porque sentía que traer al mundo una
continuación de sí misma ya era demasiado. Sin embargo, su espíritu científico,
unido a su recién descubierta capacidad de amar potenciaron sus ganas de vivir
la maternidad en carne propia.
A lo largo de su vida ya había visto muchos niños con su misma cara, pero
ya había trascendido a esa sensación de rareza hacia sus propias facciones. Se
podría decir que su rostro ya dominaba el mundo y casi todos sus espejos. El
amor se había convertido en algo diferente porque ahora no iniciaba con la
atracción física, si no con una chispa más parecida a un cambio climático
interno que a una reacción química.
Las personas que lucían como antes de la generación idéntica, vivían en
una nostalgia intensa. Cada día que pasa, con cada nacimiento, se pierden más
entre la multitud reprogramada.
Año 49
Ha pasado casi medio siglo desde que el mundo empezó a redundar.
La población mundial se distribuyó de una manera más equitativa entre el
campo y los centros urbanos. Es posible que eso haya sido el resultado de la
necesidad de recortar el número de veces que la gente quería verse a si misma
por las calles. Fue así como se formaron comunidades más pequeñas, espaciadas
pero conectadas y que todas tenían la posibilidad de autosostenerse.
Uma y Andro seguían viviendo en la capital de su país, pero esta se
había vuelto una metrópoli más calmada, más verde y menos ruidosa, aunque
estaba lejos de ser silenciada.
Un día Indra, cuyo nacimiento fue posible gracias a los genes incoloros de
ambos, jugaba en su parque favorito mientras ella lo observaba, procesando en
segundo plano los últimos estudios que había hecho sobre las huellas dactilares.
Siempre le había maravillado que eso fuese lo único que no se hubiese homogenizado
en este proceso de volverlos a todos modulares.
De pronto sintió un vacío, como si parte de su vida siguiera
injustificada. Eso la puso triste, porque ahí cerca de ella estaba su descendencia
saltando y jugando a ser un animal del bosque y aunque lo significaba todo, aun
así algo le faltaba.
No pasaron ni cinco minutos cuando supo que alguien observaba su
tristeza y se acercaba para cambiarla.
-
Hola.
Los ojos se le llenaron de lágrimas y se fundió con Dana en un abrazo
condenado por años.
Año 63
-
Mamá,
no sé si nosotros seremos capaces de entender el amor como ustedes lo
entendían. Se podría decir que estamos predispuestos a amarlo todo.
-
Ya
lo sé, Indra cariño. A veces pienso que ni mi mente científica me aleja de ti.
-
Solo
piensa en cómo me amas a mí, como amas a mi papá y como amas a Dana e imagina
que lo amas todo así, al mismo tiempo.
-
¿Y
crees que esa manera de amar te lleve algún día a compartir tu vida con
alguien?
-
Creo
que nunca he sentido un tipo soledad que me produzca tristeza, así que comparta
o no la vida con alguien, creo que estaré bien.
Durante esos 14 años, Uma vio morir a muchas personas, incluidos sus
padres de los que nunca se fue del todo la mirada de extrañeza. Pero con un impulso
inversamente proporcional a la tristeza que no sintió por perderlos, se volcó a
refundar su vida para incluir a Dana en ella.
Andro conoció otra cara de su esposa, esa que alguna vez aprendió a amar
a una persona en la que no se reflejaba. Él y Dana se volvieron amigos,
recorriendo de vuelta un hilo invisible que los unía a Uma para ofrecerle la
posibilidad de quererse en una dimensión que ninguno conocía.
Indra, creció siendo el experimento viviente que los tres observaban, entendiendo
el género y el deseo como conceptos históricos.
Para el año 2.100 ya no quedaban rastros de los sesgos de género que
existían a comienzos del siglo 21 y el mundo empezaba a hablar de otra manera.
Los pronombres se abandonaron por completo y el distinguir las cosas entre
femenino y masculino era una actividad en desuso.
-
Indra,
al menos sabes lo que significa que te amen a la antigua, como te amo yo, tu
madre. Y al menos yo puedo saber lo que significa que te amen con un cariño venido
del futuro que no alcanzaré a vivir.
-
Estás
hablando como mi papá.
-
Tal
vez nos parecemos más de lo que crees.
Año 77
Para este momento ya se estaban sintiendo los signos de la vejez en la
Generación Idéntica, pero en Dana eran mucho más evidentes. Ella envejecía como
las personas de antes, pero gracias a los cambios generales que vivió el mundo,
la calidad de vida de todos los seres humanos se había alargado bastante.
Ya casi no había personas con facciones especiales, y ahora eran la minoría.
El eco de otro tipo de existencia. Dana, vivía con Uma y Andro y los tres se
cuidaban en una vida amorosa y cómoda.
Indra vivía lejos hace muchos años estudiando animales y en la última
temporada se había integrado a una comunidad donde ni siquiera había internet. Desde
sus primeros años se hizo evidente que los nuevos niños no querían comer
productos animales y ya se podían ver los beneficios para la Fauna. Por eso a
la primera oportunidad que tuvo se unió al estudio del comportamiento nuevo de mamíferos
cada vez menos amenazados.
Cuando entraba algún mensaje suyo, los tres adultos mayores se sentaban
juntos a leerlo para sentirlo más cerca. Dana dejaba los pinceles y el cuadro
de turno, Uma pausaba la lectura del paper científico que la ocupaba en el
momento y Andro dejaba esperando a sus poesías.
¡Hola!
Lamento que haya pasado tanto tiempo sin escribir,
pero como saben, queremos mantener el refugio aislado de ondas de cualquier tipo
y tuve que esperar a mi turno de salir a la ciudad más cercana. El lugar parece
una réplica de ese paraíso del que hablaban los cuentos de hadas de la época de
los abuelos, todo es verde y azul y los atardeceres se parecen a los paisajes
de Dana.
Siento mucha afinidad con las personas con las
que vivo y he comprendido un significado más profundo de la compersión de la
que solía hablarles. Me siento feliz y útil, y encuentro un propósito que me
llena en continuar de alguna manera la labor científica que aprendí de ti mamá
y de hacerlo con esa visión romántica y ensoñadora que me enseñaste tú, papá.
Se que les preocupa mucho mi bienestar, pero ya
saben que cada vez son menos comunes las enfermedades. Y con respecto a los
animales, he descubierto que no existe tal cosa como una naturaleza salvaje.
Ellos han logrado vivir en equilibrio cuando nosotros los seres humanos dejamos
de darles el ejemplo contrario. Viven en comunión y mueren cuando ha llegado la
hora de alimentar a los más jóvenes sin resistirse.
Creo que esto le gustaría bastante mi papá,
porque los edificios son prácticamente transparentes y parece que vivimos en un
santuario creado no solo para preservar la vida animal, si no también la
nuestra. Y con respecto a los temblores, ya los siento como un vaivén amable
que no da miedo.
No se cuando tiempo me quede acá, pero no creo
que vuelva pronto, aunque los extraño. Lo bueno es que puedo verlos en mi reflejo.
Cuídense mucho y sigan escribiéndome para
sentirlos cerca, hasta que volvamos a encontrarnos.
Los amo, hoy y siempre.
Indra.
Año 91
Poco antes de cumplir 50 años, Indra decidió volver. Sentía que la sangre
unificada le llamaba y al volver, se fundió en la cotidianidad de la trieja que
había dejado en su temprana juventud. Ellos le recibieron muy felices sabiendo
que ya les quedaba poco tiempo para ser una familia que respiraba junta y
viviendo de nuevo a través de su forma de verlo todo.
Indra poseía al mundo sin necesidad de tener la verdad, y así eran todos
sus contemporáneos y los que le siguieron. Pero eran unos dueños benevolentes y
respetuosos. Para ellos no existía la diferencia y se trataban por igual, mirándose
como en un namaskar eterno y tierno.
No tenían la capacidad para compararse con el pasado, no podían sentir
que habían perdido lo que no conocían y habitaban el planeta en paz, como
esperando la muerte sin temerle. La gente de hace un siglo habría dicho que
estos seres elevados eran incapaces de sentir pasión, pero habían salvado el
futuro con un calor sostenido.
Por eso, mientras Uma y Dana vivieron el peor dolor de su vida al perder
a Andro, Indra fue capaz de sonreír al cielo recitando, agradeciendo por la vida
de un padre que le había enseñado el valor de los sueños:
-
Ahora
si que estás en dos lugares al mismo tiempo, estás ahí donde no puedo verte y
estás en mí, donde dejaste una rima con tu cara.
Año 105
Uma y Dana ya eran ancianas, y vivían en una comunidad donde había otros
ancianos, pero también niños, jóvenes, y adultos. Y ahí también vivía Indra.
Ya no quedaba nada del mundo en el que nació la primera generación idéntica
y la historia se había reescrito de una manera casi bíblica. Ya no importaba el
porqué del ADN apagado, de la sangre convertida en un batido genérico de hierro,
ni la razón por la que en cien años todo había cambiado de manera tan idílica.
Lo que importaba es que parecía que habíamos pasado el gran filtro y ya no
estábamos destinados a acabar con nosotros mismos y que eso lo logramos mirando
hacia dentro, mirándonos las caras sin necesidad de buscar respuestas en un ser
superior.
Ya era un consenso general que no importaba si existía eso a lo que
solían llamar Dios porque respecto a eso las posibilidades seguían siendo
binarias.
O bien Dios no existía porque si fuese así ya hubiese revelado más de lo
que hizo la ciencia o sí existía y decidió llevar a tal extremo lo de que estábamos
hechos a su imagen y semejanza.
Pero el resultado era este, no importaba como. Un sistema en equilibrio
abandonado a lo que resultó ser su buena suerte, esperando por el próximo cambio
que nadie sabría cuando habría de llegar y que Uma seguía anticipando.
Y en medio de esa teología reivindicada el mundo por fin tuvo un solo
rostro, cuando murió Dana, la última mujer con un rostro distinto, que solo
encontraba su reflejo en los ojos de quienes la amaban.
Año 112
El dolor fue indescriptible por un tiempo, pero la mente científica de
Uma volvió su mirada al mundo aun en medio de la nostalgia. Fue inevitable cuando
poco después de la muerte de Dana empezaron a nacer niños con ligeras diferencias
que tomaron por sorpresa al mundo.
Fue testigo de eso cuando cargó por primera vez a un descendiente de
Indra, quien ya en el umbral de la vejez decidió procrear. Cuando Uma tuvo a
ese bebé en brazos, le pareció ver encenderse sus pupilas con el brillo que
solía ver en los ojos de su madre y se sintió turbada por un deseo de
reconocimiento que creía perdido.
Luego, poco a poco, el mundo fue notando en pequeñas señales la reactivación
de la genética como la conocían antes de que todo empezara. Labios ligeramente engrosados,
pieles un poco menos tornasoladas, ojos más achinados, mandíbulas un poquito
redondeadas, cabellos con una textura nueva y rescatada. Parecía que el antiguo
bloqueo estaba cediendo frente a la estabilidad.
Uma veía esto pasar ante sus ojos, como una historia que empezara a
reescribirse, ojalá, en una versión corregida y atinada. Y pensaba en Andro, su
alma gemela y en Dana, su amor opuesto, y pensaba en ella que pasó la mitad de
la vida buscando una respuesta que parecía estar llegando, aunque incompleta.
Había mirado hacia adentro y hacia afuera, se había obsesionado con la
punta de sus dedos, se había enamorado del arte y la poesía sin comprenderlos
del todo. Había prologado su vida en un ser absoluto, había dedicado su vida a
la ciencia, se había convertido en la ciencia. Todo para finalmente entender
que es la vida quien controla a la vida.
Una noche se fue a dormir, pensando y haciendo cálculos involuntarios de
cuándo el mundo estaría nuevamente poblado por gente diferente, imaginando como
sería ese futuro luego del reinicio que atestiguó mientras lo había observado
todo. Y soñó, como soñaba Andro cuando vivía, una secuencia de imágenes coloridas
sobre un destino ajeno que nunca llegaría a conocer.
Al día siguiente lo supo. Todos habían soñado lo mismo y seguirían soñándolo,
cada noche, hasta que se hiciera realidad, pero ella solo habría de soñarlo esa
vez.
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